sábado, 12 de septiembre de 2009

El concepto de progreso social y su medición

Julio Boltvinik en u columna Economía Moral de la Jornada.


Parto de ideas de Marx que han sido sistematizadas (sólo) por György Márkus, las combino con el concepto de florecimiento humano que manejan algunos filósofos y los vinculo a una diferente concepción de la pobreza. Mi planteamiento central es que el progreso social lo debemos concebir como la creación de las condiciones para el desarrollo irreprimido y rápido de las fuerzas esenciales humanas, entendiendo por éstas las necesidades y las capacidades humanas. Por capacidades me refiero al sentido literal del término: lo que el ser humano sabe hacer, y no a capabilities (en el sentido de Amartya Sen: lo que puede hacer con los recursos de que dispone y que serían, en todo caso, capacidades económicas). Necesidades y capacidades tienen que ser concebidas como una unidad en la que las necesidades son el aspecto pasivo, y las capacidades el activo, con fuerte interacción entre ambas. Para satisfacer sus necesidades, el ser humano tiene que desarrollar sus capacidades. Además, la aplicación de las capacidades ya desarrolladas se vuelve una necesidad humana fundamental. Como dijo Maslow, el pintor necesita pintar.

A nivel individual podemos evaluar el florecimiento humano de los individuos por el grado de desarrollo de sus necesidades y capacidades y por el grado de satisfacción de las necesidades efectivamente desarrolladas y el grado de aplicación de las capacidades efectivamente desarrolladas. Es decir, para que se complete el ciclo de florecimiento, al desarrollo de la necesidad y de la capacidad, ha de seguir la satisfacción de aquélla y la aplicación de ésta, porque sólo entonces se retroalimentan, ya que la satisfacción de las necesidades y la aplicación de las capacidades es lo que las sigue desarrollando y enriqueciendo. Como dice Marx, el oído cultivado necesita la buena música.

La noción de desarrollo de las necesidades es de uso poco común. Solemos hablar de necesidades como algo fijo, estático, y acostumbramos hablar sólo de su satisfacción o insatisfacción, suponiendo que todos los seres humanos tienen las mismas necesidades, sin considerar que algunas necesidades pueden estar latentes en algunos individuos. En cambio, para Marx, el hombre rico es el que ha desarrollado ampliamente sus necesidades: el que necesita mucho, no el que tiene mucho. Es un concepto muy profundo, bellísimo. Por ejemplo, el que necesita la buena música, la belleza, la ciencia, la interacción intensa y compleja con otros seres humanos, o alguno(s) de estos elementos, es el ser humano rico. En contraste, un ser humano pobre es el que no los necesita; puede ser un individuo alienado, dominado por la pasión de tener, que como dice Agnes Heller, predomina en el capitalismo.

Algo que resalta mucho Heller es que en la teoría marxiana de los valores, el valor supremo, del cual se derivan todos los demás, es la riqueza humana, coincidiendo con Márkus. Si es el valor más alto, pues es lo que tenemos que poner en el centro del concepto de progreso social. Los argumentos para considerarlo como el valor más alto son muy fuertes, porque es ni más ni menos que el despliegue de las potencialidades humanas, el desarrollo del ser humano, su florecimiento, lo que constituye esa riqueza. Es difícil encontrar algo que pueda uno considerar como más valioso.

Con ello llegamos a una conceptualización coherente en la cual riqueza humana y pobreza humana son los polos. Ni Heller ni Márkus hablan del polo de pobreza humana, que yo explicito. Después hago una distinción entre pobreza humana del ser –referida a la condición ‘estructural’ de la persona en términos del desarrollo de las capacidades y necesidades– y pobreza humana del estar, la cual se refiere a la situación circunstancial, en la que una persona, aunque tenga ampliamente desarrolladas sus necesidades y capacidades, podría estar en la pobreza humana porque no puede satisfacer esas amplias necesidades y/o no puede aplicar esas grandes capacidades que ha desarrollado.

Hasta aquí he llegado, está pendiente la operacionalización de estos conceptos, lo cual tiene que hacerse a un doble nivel: societal e individual y, en cada uno, distinguir la dimensión del ser y la del estar. Lo que se busca es desarrollar a nivel individual una evaluación de cuatro dimensiones (véase gráfica), que definiría para cada persona si es rica o pobre humanamente, y si está en riqueza humana o en pobreza humana; hecho lo cual se pueden construir indicadores agregados del grado en que ambas situaciones ocurren a escala social. En la evaluación societal se mediría el progreso social como la presencia (y grado de ella) de las condiciones o presupuestos para que el desarrollo de las fuerzas esenciales humanas no tenga obstáculos, que no haya represión del mismo, sino estímulos y condiciones favorables, de manera que se pueda dar rápidamente. Progreso social son las condiciones positivas macrosociales, y florecimiento humano el aprovechamiento de esas condiciones favorables a nivel de los individuos.

Operacionalizar ambos niveles requerirá un enorme esfuerzo, por su novedad, ya que se trata de conceptos diferentes a los que usamos cotidianamente. Por el lado de necesidades tenemos muy buenas pistas en las conceptualizaciones de necesidades humanas de Maslow (personas atrapadas en las necesidades deficitarias vs. personas autorrealizadoras) y de Fromm (carácter productivo), aunque ambas son más útiles para el nivel individual que para el societal. En el camino por recorrer en materia de capacidades, no he encontrado pistas similares (sin desconocer lo penetrante de algunas nociones de Martha Nussbaum), por lo cual la búsqueda empezaría más atrás que en necesidades.

La pobreza económica (que no he discutido aquí) tiene que superarse como condición necesaria del florecimiento humano; pero no es condición suficiente. Algunos factores muy importantes en el camino del florecimiento humano son la vida cívica y política; el ser humano que ya no piensa en sí mismo sino en el bien de su polis, de su ciudad. El florecimiento humano en gran medida consiste en desprenderse de sí mismo y ocuparse de objetivos externos que pueden ser cívicos, políticos, científicos, artísticos, humanitarios. William Morris y Ernst Bloch, ambos pensadores utopistas, le dan un papel central al arte en el proceso de liberación, en el florecimiento humano. Bloch lo ve desde el punto de vista del receptor de la obra artística, y Morris desde el punto de vista del creador. Ven en el arte un camino de salida de la enajenación.

1 Texto presentado en el seminario realizado el 2 de septiembre pasado, convocado por el proyecto Midiendo el Progreso de las Sociedades: Una Perspectiva desde México, que forma parte de la iniciativa global de la OCDE, Measuring the Progress of Societies, y que realizará un Foro Mundial en Busan, Corea del Sur, en octubre.

jbolt@colmex.mx

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