viernes, 15 de febrero de 2008

La desconfianza

josé gil olmos

México, D.F., 13 de febrero (apro).- La crisis de credibilidad que hoy sufre el IFE empezó con José Woldenberg y no con Luis Carlos Ugalde. Con éste último solo se acentuó y recuperar la confianza social en el Instituto será, quizá, en lo inmediato, la tarea prioritaria del nuevo presidente Leonardo Valdés Zurita.

El caso de las cuentas bancarias, los depósitos provenientes del extranjero, así como las triangulaciones financieras tipificadas como lavado de dinero en la campaña de Vicente Fox, a través de la asociación “Amigos de Fox”, fueron la prueba de fuego para que el IFE, en manos de Woldenberg, mostrara su capacidad de autonomía y los alcances de su independencia.

Por más de un año el IFE y, sobre todo, el entonces consejero Alonso Lujambio, responsable de investigar el caso, eludieron entrar al fondo del problema alegando que el Instituto estaba impedido para investigar las cuentas bancarias utilizadas por “Amigos de Fox”, una asociación creada por Lino Korrodi y que fue la fuente de financiamiento del candidato presidencial del PAN.

El principal argumento que manejaron Lujambio y Woldenberg fue que no podían violar el secreto bancario y que por eso estaban maniatados para detectar el origen y el destino de millones de pesos utilizados para financiar la campaña de Fox. Además, esgrimieron que el IFE no tenía facultades para auditar.

Sin embargo, una resolución de la Suprema Corte de Justicia corrigió la plana al IFE y aclaró que el Instituto sí estaba en condiciones de auditar al PAN por los dineros utilizados por la asociación “Amigos de Fox” y, al mismo tiempo, solicitar a la Secretaría de Hacienda que les mostrara los estados bancarios y financieros de dicha agrupación durante 1999 y el 2000.

El IFE de Woldenberg le dio vueltas y vueltas al tema, Lujambio dio múltiples excusas para no evidenciar lo más grave: el sistema financiero paralelo utilizado por Fox y sus amigos, entre ellos el polémico Lino Korrodi y la enigmática Carlota Robinson, a quienes nunca se les tocó en la investigación.

Las deficiencias de la indagación trataron de ser cubiertas con un paliativo: un castigo pecuniario que el Tribunal Electoral determinó en 100 mil de pesos, divididos entre el PAN y el Partido Verde por la alianza que habían hecho para apoyar a Fox. No obstante, la decisión no alcanzó a reparar la desconfianza que ya se había generado en el IFE ante la negativa de entrar al fondo.

La suspicacia cobró forma cuando tiempo después, al terminar su gestión en el IFE, Alonso Lujambio fue incrustado como presidente en el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) y ahí se negó a que se abrieran los expedientes de la investigación contra “Amigos de Fox”.

Con esa sombra llegó Luis Carlos Ugalde al IFE, en una negociación entre partidos y con la imagen de un instituto que no tiene la independencia suficiente para fiscalizar y castigar como tendría que hacerse a partidos y candidatos.

El papel deplorable que desempeñó en la calificación del proceso electoral del 2006 fue una continuidad de lo que hicieron Woldenberg y Lujambio con las elecciones del 2000. Ugalde no sancionó a Fox como presidente de la República por inmiscuirse en las elecciones y favorecer a Felipe Calderón, y tampoco aplicó la ley a los empresarios y a la Iglesia que participaron directamente en la campaña sucia en contra los candidatos presidenciales del PRD y del PRI, Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo.

Sobre todo, se negó a mostrar los paquetes electorales donde existe la información de cómo operaron personajes clave como Elba Esther Gordillo, para hacer ganar a Felipe Calderón.

De esta manera, los dos triunfos del PAN en las elecciones presidenciales, tomadas como el inicio del proceso de democratización en México, tienen una mancha grave que el IFE encubrió: la ilegalidad en el caso de Fox y la ilegitimidad en el caso de Felipe Calderón.

Este es el gran reto que tiene Leonardo Valdés como presidente del IFE: restaurar la imagen de un instituto totalmente ciudadano, ajeno a los intereses del gobierno en turno, autónomo de las negociaciones entre los partidos y capaz de enfrentar a poderes de facto que buscan incidir en los procesos electorales.

La imagen del IFE está dañada y sólo con acciones se podrá restaurar. En el proceso electoral del 2009 veremos si el nuevo presidente del Instituto es diferente a sus dos antecesores porque seguramente el gobierno de Calderón, así como los grupos de poder, estarán interesados en incidir en la renovación de la Cámara de Diputados, pues se trata de un paso fundamental para todo aquel que tiene aspiraciones de ganar las elecciones del 2012.

En caso contrario, si repite los mismos errores de Woldenberg y de Ugalde, el daño al IFE será más profundo y habrá un retroceso para una de las instituciones que más costos sociales ha tenido en la historia del país.

http://www.proceso.com.mx/analisis_int.html?an=57144

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