martes, 1 de abril de 2008

Reforma energética condenada al fracaso: WSJ

Del Sendero del Peje

The Wall Street Journal considera que el nacionalismo, encabezado por AMLO, y el capitalismo “compinche”, representado por empresas nacionales, parecen condenar al fracaso la reforma energética

MÉXICO, marzo 31, 2008.- Los esfuerzos del gobierno de Felipe Calderón para lograr la apertura de Petróleos Mexicanos (Pemex) a la inversión privada o a las alianzas con empresas extranjeras parecen condenados al fracaso debido a dos fuerzas inamovibles de la realidad mexicana: el nacionalismo y el capitalismo "compinche", considera The Wall Street Journal.

El influyente diario estadounidense advierte que uno de los principales obstáculos para la reforma energética es el nacionalismo, una actitud bastante representativa del país latinoamericano, que tuvo su pináculo en 1938 con la expropiación petrolera decidida por el entonces presidente, el General Lázaro Cárdenas.

“La expropiación de los activos que poseían estas firmas extranjeras (un acontecimiento que se incluye en los libros de texto de las escuelas), marcó la primera vez en que México se sintió un país realmente independiente” destaca el artículo firmado por David Luhnow.

The Wall Street Journal ejemplifica ese nacionalismo al recordar que el pasado 18 de marzo durante el 70 aniversario de la expropiación petrolera, Andrés Manuel López Obrador, el líder del principal de la izquierda mexicana, amenazó al gobierno federal con bloqueos y posibles actos de violencia si se aprueba la reforma energética.

El otro factor, y quizá el más complejo, que obstaculiza la aprobación de la reforma energética es la presencia del legado de capitalismo "compinche" de México. El diario explica que “la mayor parte de la economía mexicana es dominada por empresas familiares que desde hace mucho controlan varias industrias, aplastando la competencia y cobrándoles a los consumidores altos precios”

El rotativo agrega que esas familias “recurren a amigos en el gobierno para conseguir leyes y contratos favorables, no son muy dadas a la filantropía y tienen fama de evadir impuestos. Como resultado, a muchos mexicanos no les gusta mucho la industria privada ni creen que el capitalismo sea algo tan positivo”.

El máximo ejemplo de esas prácticas es la privatización del monopolio estatal telefónico Teléfonos de México (Telmex), que “se vendió al empresario mexicano Carlos Slim. Unos 15 años después, Telmex ofrece un servicio mucho mejor, pero su dominio del sistema de línea fija limita la competencia e impone altos precios a los usuarios” destaca The Wall Street Journal.

Son precisamente la presencia y las costumbre del capitalismo “compinche” en la economía nacional lo que lleva a la mayoría de los mexicanos a rechazar casi por igual el capital privado mexicano en el sector energético que el capital extranjero.

El comportamiento de las grandes empresas ha reforzado su imagen negativa entre los mexicanos, agrega el periódico que ejemplifica esa situación al destacar que las dos principales cadenas de televisión, Televisa y TV Azteca, tienden a usar sus noticieros para promover los intereses de sus propietarios, usualmente atacando a rivales personales o políticos.

Finalmente The Wall Street Journal considera que el turbio nexo entre empresa y gobierno también juega en contra de la reforma energética y recuerda que hace unas semanas Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación y el principal aliado de Calderón en la promoción de la reforma energética, estuvo inmerso en un escándalo porque se reveló que la empresa de camiones de su familia se había beneficiado de contratos de Pemex cuando él fungía como funcionario de la Secretaría de Energía a cargo del actual presidente de la República.


Fracaso se escribe con "F" de Felipe Calderón.

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