jueves, 8 de julio de 2010

La masacre de Mazocoba

Gerardo Peláez Ramos
gerardo_pelaez@hotmail.com

Las fértiles tierras del valle del Yaqui atrajeron la codicia de los españoles, durante la Colonia, y de los oligarcas mexicanos, en la etapa nacional. Con la utilización de los métodos de la expropiación violenta, el genocidio, el destierro y la esclavización de la tribu yaqui, intentaron, y en parte lograron, apoderarse de partes de ese rico territorio; pero se encontraron con una decidida resistencia armada de los yaquis en defensa de sus tierras, su autogobierno y su identidad étnica. La etnia se levantó en armas, organizó sus tropas e impulsó la lucha guerrillera contra el ejército y los latifundistas que se apropiaban de sus terrenos. De las filas yaquis surgieron caudillos políticos y militares de gran arrastre de masas y duchos en la conducción de combatientes, como José María Leyva Cajeme, Juan Maldonado Waswechia Tetabiate, Pablo Ruiz Opodepe y Juan María Sibalaume.

En la Guerra Yaqui, que se desarrolló a fines del siglo XIX y principios del XX, abundaron batallas, matanzas, robos de los represores, venta de indios que eran explotados en Yucatán, Campeche y Oaxaca, violaciones de la soldadesca, negociaciones y tratados, todos ellos violados por el Estado mexicano. El régimen porfirista impuso el terror y los yaquis, combatientes, civiles, mujeres, niños y ancianos, fueron objeto de asesinatos en masa y cazados como enemigos extranjeros. Estos hechos forman parte de las grandes vergüenzas nacionales de nuestra historia.

En el conjunto de acciones armadas de la Guerra del Yaqui, la más trágica y de más graves consecuencias para la resistencia de la tribu fue la masacre del 18 de enero de 1900 en Mazocoba, montañas del Bacatete, Sonora. Una partida guerrillera fue localizada por tres columnas del ejército federal en dichas montañas y los combatientes yaquis se concentraron en el cañón de Mazocoba, desenvolviéndose el combate durante todo el día. El 21 de febrero, el general Luis E. Torres informaba sobre esa batalla: “Las pérdidas del enemigo fueron más de 400 muertos, sin contar los que se precipitaron al fondo de los barrancos, que fueron muchos.

“Entre los cadáveres del enemigo se identificó, fuera de toda duda, el del cabecilla Pablo Ruiz (a) Opodepe, a quien los rebeldes reconocían como jefe supremo, y que fue sin duda el alma de la rebelión.

“Además se hicieron como 1000 prisioneros mujeres y niños, la gran mayoría de los cuales murió en el camino de Mazocoba al Tetacombiate; otros se extraviaron y el resto, 834, queda a la disposición de Ud. en el cuartel de las Guásimas”.1

Para la dictadura porfirista la masacre de Mazocoba representó “una fecha memorable y gloriosa”,2 como escribió uno de los plumíferos racistas. El 7 de febrero, Bernardo Reyes, secretario de Guerra y Marina, felicitó al general en jefe de la I Zona Militar por el combate de Mazocoba con las siguientes palabras: “(...) el presidente de la República ha visto con agrado el valor, pericia y eficacia que demostraron las fuerzas, así como la buena dirección y acertadas disposiciones tomadas por dicho jefe, tanto en las operaciones preliminares, como durante el combate, lo cual se servirá Ud. mandar publicar por la orden general para satisfacción de los jefes, oficiales y tropas que concurrieron al asalto”.3

Con alegría, el 16 de septiembre, Porfirio Díaz informaba acerca de las campañas contra los yaquis y los mayas, señalando sobre los primeros: “En la región del Yaqui se ha redoblado, por medio de disposiciones diversas, la actividad de la campaña que se prosigue sobre los indios rebeldes. El resultado ha sido que el enemigo, agobiado, ya no presente acción a nuestras fuerzas, limitándose a huir de ellas. Así, pues, más o menos dificultosa por los terrenos quebrados o montuosos en que se verifica”.4

A 110 años de la matanza de Mazacoba cabe resaltar los enormes avances organizativos del movimiento indígena en América Latina, con el Congreso Nacional Indígena en México, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas en Sudamérica, la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica y otras que enfrentan a los monopolios petroleros, gasíferos, mineros y madereros, y a las oligarquías locales con sus ejércitos, grupos paramilitares y guardias blancas. El trecho recorrido es grande… y lo que aún falta.

1 Fortunato Hernández, Las razas indígenas de Sonora y la guerra del Yaqui, México, Ed. J. de Elizalde, 1902, p. 174.
2 Manuel Balbás, Recuerdo del Yaqui: principales episodios durante la campaña de 1899 a 1901. Citado por Ermanno Abbondanza, “La cuestión yaqui en el segundo porfiriato, 1890-1909. Una revisión de la historia oficial”, en Signos históricos, núm. 19, enero-junio de 2008, p. 111.
3 F. Hernández, Las razas..., p. 176.
4 “El general Díaz, el 16 de septiembre de 1900 al abrir el 20º Congreso de la Unión, el primer período del primer año de sus sesiones”, Los presidentes de México ante la nación, t. II, México, Impr. de la C. de Dip., 1966, p. 594.

Fuente: Forum
Difusión: Soberanía Popular

1 comentario:

Rockambole dijo...

Viva el pueblo yaqui que sigue luchando contra el avance del capital para despojarlos de su tierra y de su río!!