jueves, 27 de enero de 2011

La reinvención del poder


Miércoles, 26 de Enero de 2011 00:00
Escrito por Fernando Coronel Landa

Los liderazgos emergen por los vacíos de poder o por la ausencia de andamiajes ideológicos que sean, al tiempo, soporte y mapa de ruta de una nación. México, hoy, padece las dos enfermedades.

Y es que son muchas las interrogantes acumuladas a lo largo de estos años en torno a las cuales no existen respuestas claras: ¿O alguien acaso tiene la certeza de cómo será nuestro país dos años más tarde en que se dé el próximo relevo gubernamental?

¿Se sabe cuándo terminará esta guerra contra el crimen organizado que hoy ha arrojado más pérdidas que ganancias, sobre todo para la sociedad? ¿Cuánto tiempo más estaremos como ciudadanos en incertidumbre y atados de manos por las acciones criminales?

Más aún: ¿qué es lo que se ha hecho para consolidar los avances democráticos que se dieron en las dos décadas pasadas o para alejar de manera definitiva los riesgos que hoy la amenazan? ¿Cuál ha sido la contribución democrática del PAN después de 10 años de haber arrebatado la presidencia de la República al PRI?

Y si no pudo, o no quiso, el PAN ¿será el PRI el encargado de empujar los cambios que se requieren para consolidar la democracia, en caso de recuperar la silla presidencial? ¿O es iluso pensar que eso será así siendo que el PRI es el partido que de manera especial se ha beneficiado del estancamiento de las transformaciones democráticas pendientes?

¿Quién puede hoy garantizar que la democracia en México está realmente en salvaguarda, cuando la asechan además los ataques de los llamados poderes fácticos, como es el crimen organizado? ¿Qué es lo que ha faltado en el ejercicio del poder que tiene hoy a México al borde de un “Estado fallido”?

No es casual que dos actores políticos que jugaron un papel neurálgico en el quiebre del viejo sistema hegemónico lancen, 25 años después de iniciada aquella afrenta, alertas por el obturado proceso de transición democrática en el que nos encontramos: “a una época de concentración de poderes, siguió otra de parcelación del despotismo y dispersión de los abusos”, dice uno de los artífices de los primeros cimientos democráticos en México, Porfirio Muñoz Ledo.

“Es necesario hacer un cambio radical en las políticas sociales y de desarrollo económico vigentes en las últimas tres décadas”, señala por su parte Cuauhtémoc Cárdenas, otro de los precursores indiscutibles del agotamiento del viejo esquema autoritario.

Ambos políticos, si bien se encuentran hoy distantes políticamente, convergen en una misma preocupación que plasman de manera categórica en sus respectivos libros recién publicados.

Destaca el título de la obra de Muñoz Ledo: “La Vía Radical para refundar la República”. Quizá una de las aseveraciones más fuertes de Porfirio sobre el déficit que existe hoy en el ejercicio del poder es que “el tiempo de la transición se ha agotado, con resultados catastróficos (…). Nos precipitamos en la pendiente de un Estado fallido. La ausencia del ejecutivo evidencia el divorcio de los poderes y el colapso del régimen presidencial”.

Según el centro de estudio estadounidense Fund for Peace (Fondo por la Paz), organismo que, por cierto, emite cada año el Índice de Estados Fallidos que publica la revista Foreign Policy, “un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político y económico, caracterizándose por tener un gobierno tan débil o ineficaz, que tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica”.

Por cierto, este instituto clasifica a los países basándose en 12 factores. Según Muñoz Ledo, 10 de esos 12 factores ya están presentes en México para ser considerado Estado Fallido. En lo que no estoy tan seguro es que derivado de ello lo que debe seguir sea el “refundar la República”.

No existen hoy las condiciones políticas para ello, ni los estadistas suficientes que la hagan posible.

Pero lo que sí se precisa con urgencia es reinventar el ejercicio del poder. No obstante, sería absurdo hacerlo si no se trastoca de fondo el funcionamiento de las instituciones democráticas y si no se modifica el andamiaje estructural en el que hoy apenas subsisten.

Replantear la reforma del poder debiera ser una tarea inaplazable y tema prioritario en las agendas de los actores políticos ahora que agoniza el sexenio panista.

Fuente: La Jornada de Morelos

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