jueves, 20 de marzo de 2008

Industria eléctrica: se requiere planeación

Antonio Gershenson

Industria eléctrica: se requiere planeación

Tenemos un ejemplo, no reciente sino vivo, pues los problemas no están resueltos en el sentido de que no basta la planeación tradicional de la industria eléctrica –cuando la ha habido. Se requiere planear más de conjunto y, si la electricidad va a venir del agua, ésta debe ser planeada y atendida también. El ejemplo es el de la cuenca del río Grijalva, que tiene cuatro presas con sus respectivas plantas hidroeléctricas: de arriba del río para abajo: La Angostura, Chicoasén, Malpaso y Peñitas.

Hablamos de la planeación integral para considerar todos los elementos que repercuten en el adecuado funcionamiento, incluyendo el largo plazo, en especial de la industria del servicio público de energía eléctrica. En este ejemplo, de cuatro hidroeléctricas, la planeación debe incluir no sólo la generación de energía, sino el adecuado funcionamiento del agua, del río, sin el cual la generación puede verse seriamente afectada. Y también la gente involucrada de una o de otra manera. No sólo los trabajadores de la industria eléctrica, sino los usuarios del agua y quienes podrían ser afectados, nada menos que con la pérdida de su vivienda, si el agua sale de control.

En los meses anteriores a las inundaciones, las hidroeléctricas fueron operadas con factores de planta bajos, de alrededor de 30 por ciento. Quienes tomaron las decisiones pudieron estar motivados por el deseo de comprar más energía a las empresas extranjeras que generan electricidad a partir del gas natural, aunque ese combustible es carísimo, especialmente en comparación con el costo del agua y en plantas cuya inversión ya estaba amortizada. Durante muchos años estas plantas surtieron de electricidad a toda la región y a toda hora. No había plantas termoeléctricas en muchos kilómetros a la redonda, ni había redes de transmisión y distribución para llevar la energía de otras partes. Las termoeléctricas más cercanas estaban, por un lado, en Campeche, por el Golfo, en Dos Bocas, cerca del puerto de Veracruz y, cuando entró en servicio, Petacalco, en Guerrero.

Lo peor es que, en la segunda mitad de 2007, las lluvias y los pronósticos de más precipitaciones llevaban a dejar en las presas espacio de reserva para que ninguna estuviera llena. Bastaba con generar más electricidad con las hidroeléctricas –casi gratis– y dejar de comprársela a las empresas extranjeras, no sólo ganando dinero sino reduciendo las importaciones de gas natural de nuestro país.

La planeación debió incluir no sólo la energía, que de todos modos hubiera salido más barata, sino el nivel de las presas. En plenos aguaceros la presa Peñitas estaba llegando a su límite; y se dio la orden de abrir todas las compuertas, lo cual causó una marejada que fue bajando por el Grijalva y sus derivaciones y, al llegar a Villahermosa y a lugares cercanos, rompió diques y causó la peor inundación de que se tiene memoria. Para quienes dijeron que esto había sido causado sólo por la lluvia, está el ejemplo del río Usumacinta, que llevaba, de manera natural, bastante más agua que el Grijalva. Pero como nadie detuvo el agua para soltarla de golpe, no hubo en el Usumacinta ninguna inundación comparable.

Más arriba, en el Grijalva, pero entre las presas Peñitas y Malpaso, los pobladores de Juan de Grijalva se habían quejado una y otra vez. Hablaban de que una montaña muy cercana, a la que llamaban encantada, estaba emitiendo ruidos y vibraciones. Pero no se tomó ningún tipo de medidas al respecto. Con el agua de las lluvias llegó el momento en que parte de la montaña se rompió y una masa de rocas y lodo se fue sobre el río. El Grijalva quedó obstruido. Se fue juntando agua y se fue inundando una superficie cada vez mayor. La población fue desalojada, pero miles han perdido sus viviendas.

No sólo había un daño con la inundación. En lo fundamental, como las presas debían quedar cerradas para que la zona inundada no creciera aún más, la generación de electricidad se redujo al mínimo. La falta de planeación integral y, posiblemente, la prioridad a las empresas extranjeras, llevaron a que el sistema hidroeléctrico más importante del país, la principal fuente de energía de punta barata, está prácticamente fuera de servicio. Por si eso fuera poco, a partir del primero de enero se hizo una rebaja de 30 por ciento a la energía de punta de las mayores empresas del país.

Pararon la obra en Juan de Grijalva según porque el agua iba a erosionar la tierra y a ampliar el canal. Eso no sucedió, eran muchas rocas muy grandes revueltas con el lodo. Las presas están llenas al tope. Quieren abrir el canal para que pase toda el agua necesaria. Pero en dos o dos meses y medio viene la siguiente temporada de lluvias, ya pasaron casi cinco meses desde los incidentes que desataron esta situación, y no está claro lo que va a pasar.

Para alimentar el sureste, usando lo menos posible las hidroeléctricas, que durante mucho tiempo le dieron toda la energía necesaria, tienen incorporada a la “subgerencia regional de generación sureste” plantas, sobre todo privadas, hasta de Tuxpan, en el norte de Veracruz, y Altamira, en el sur de Tamaulipas (que al mismo tiempo está en el “área” noreste). En esa parte del país hay exceso de capacidad de generación, y usan su energía para alimentar incluso a Chiapas y para mantener, ya antes de los problemas, a las hidroeléctricas con un factor de planta muy bajo.

La presencia de generación de electricidad para el servicio público por empresas extranjeras, además de violar el artículo 27 de la Constitución, dificulta la planeación integral de largo plazo. Pero la política derechista oficial de plano la hace a un lado. Y eso afecta a la industria de manera importante.

En general, esta experiencia, que aún no termina, muestra que debe haber una planeación del conjunto; y la operación y mantenimiento deben también incluir al conjunto, no sólo a la parte eléctrica.

Gershen@servidor.unam.mx

http://www.jornada.unam.mx/2008/03/16/index.php?section=opinion&article=023a2pol

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