Jorge Meléndez Preciado en RazonEsdeSer.
Fueron 1, 095 días; 26, 280 horas y un millón 365, 400 minutos, cuando menos, los que Jacinta Francisco Marcial estuvo presa debido a una acusación inconcebible, propia de una cinta del absurdo. Se le imputó a ella y dos compañeras que, incorrectamente, siguen en prisión, Teresa González y Alberta Alcantara, de haber secuestrado a media docena de policías, adscritos a la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), hoy Policía Federal.
El asunto muestra el horror de la justicia mexicana, ya que tanto los cargos, el primer dictamen del juez como la tardanza de la PGR , tres años, para no presentar conclusiones muestra, nítidamente, que ser mujer, indígena, pobre y no hablar español es sufrir los más terribles agravios, y al ser liberado ni siquiera recibir el “usted dispense”. Pero además, el asunto supera a Kafka, ya que se libera a una y las otras dos continúan encarceladas.
Frente a ese atropello monumental, Jacinta dice: “ya no permitiré más injusticias de la autoridad en mi contra. Ahora soy mucho más fuerte”. Y el régimen, al contrario, mostró sus debilidades, carencias, prepotencias, incapacidad para cuidar a sus habitantes y castigar a los responsables de una aberración sin límites.
Porque se debería, ahora, llamar a cuentas a los gendarmes mentirosos y prepotentes, al juez que malévolamente investigó el asunto y a los que en la PGR fueron omisos o culpables. Amén que como dice el doctor Mariano Albor, resarcir económica y moralmente a las víctimas; mujeres ejemplares.
La liberación de Jacinta se debió al apoyo de organismos como el centro de derechos humanos, Agustín Pro Juárez, y agrupaciones internacionales, no a una investigación seria de la autoridad. Lo que demuestra, claramente, que la impunidad es el pan de cada día en una nación donde los poderosos continúan siendo intocables.
jamelendez44@gmail.com
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martes, 22 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
"Nunca conocí a los AFIs que me acusaron de secuestro": Jacinta Francisco Marcial
Acusada de haber secuestrado a seis agentes armados de la AFI, en entrevista con el periodista Ricardo Rocha, Jacinta dice que no guarda ningún rencor, después de haber pasado tres años en prisión.
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México,
presos políticos
Miedo y pizca de justicia
Teodoro Rentería Arróyave en su columna COMENTARIO A TIEMPO en RazonEsdeSer.
Los otrora festejos de nuestras fiestas patrias, a 199 años de la gesta heroica, por la cada día más grave inseguridad pública nacional, por la crisis económica paralizante y por la crisis moral que agobia al pueblo todo, se convirtieron en jornadas de miedo latente y en una pisca de justicia.
En el llamado mes de la patria, el pueblo que acostumbra salir a la calle a vitorear a los héroes que nos legaron independencia y dignidad no lo arredró el miedo a los atentados, el repudió a los gobernantes que ahora a como de lugar al estilo de Su Serenísima Santa Ana, nos tratan de cobrar impuestos hasta por respirar, se dio un momento de respiro y cuando menos tiene un algo que celebrar, nos referimos a ese acto de justicia, no de los aparatos de procuración y administración de la misma, sino de ese mismo pueblo que logró la libertad a la 1:00 de la madrugada de este 16 de septiembre del “ícono del abuso y de la injusticia prevaleciente”: Jacinta Francisco Marcial.
Al conmemorarse el 199 aniversario de nuestra Independencia, como cada 15 de septiembre, ahora Felipe Calderón Hinojosa por tercera ocasión cumplió con el “Grito de Dolores” desde el balcón central de Palacio Nacional, todo esto dentro de operativos de seguridad desplegados en el centro histórico de la Ciudad de México para garantizar la integridad de los asistentes a la ceremonia cívica por elementos del Estado Mayor Presidencial, de la Policía Federal y de la Secretaria de Seguridad Publica capitalina. También en las demás plazas de la República, se tomaron las precauciones debidas y el reporte, afortunadamente, fue el de una jornada blanca.
Tras ser condenada a 21 años de prisión y cumplir con 3 de injusto encierro, fue liberada la compatriota indígena otomí y monolingüe, Jacinta Francisco Marcial; la presión de los grupos defensores de los derechos humanos nacionales y extranjeros lograron que el aparato de justicia reabriera el proceso ante lo absurdo de la acusación: el secuestro de 6 goriloides agentes de la desaparecida AFI, Agencia Federal de Investigaciones y la declinación de la Procuraduría General de la República de presentar más pruebas y conclusiones no acusatorias por “dudas razonadas” sobre la culpabilidad de la sentenciada.
Mientras tanto, ojo, a emprender un movimiento nacional similar al de la Independencia, al de la Reforma o al de la Revolución Mexicana para consolidar un verdadero cambio en el país, llamó a los mexicanos “libres” Andrés Manuel López Obrador. Al encabezar el llamado “grito de los libres”, en el Hemiciclo a Juárez, el perredista advirtió que con disimulo se mantiene vigente el racismo y la discriminación, y una profunda desigualdad social entre mexicanos que viven sometidos por un pequeño grupo de poder.
Decimos que es una pisca de justicia, porque aún continúan presas las coacusadas indígenas, Alberta Alcántara y Teresa González y porque los seis “Afis”, que debieron de haber sido corridos por dejarse “secuestrar” por tres indefensas, es decir desarmadas mujeres, no tuvieron el valor de presentarse a declarar ante el Juez de la causa, y quién, es pregunta, les devolverá a estas damas indígenas, así damas aunque les duela a las élites, los años perdidos en las mazmorras del Centro de Readaptación Social, Cereso, femenil de San José El Alto, Querétaro.
La voz de alerta sobre estallidos sociales insistentemente la hemos dado como mandato de la opinión pública nacional y la ha fijado con la calidad moral que lo acredita el doctor José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuidado, el país quiéranlo o no, lo acepten o no es una bomba de tiempo, que hay que desactivar sin demora, ¿cómo?, con programas sociales implementados de inmediato, con el retiro ipso facto del absurdo y empobrecedor paquete económico, con justicia que termine con la impunidad prevaleciente y por ende recupere la seguridad pública, la tranquilidad y la paz que es derecho inalienable e irrenunciable del pueblo. Por ahora, sólo hay miedo y una pisca de justicia.
Periodista y escritor. En teodoro@libertas.com.mx y felapvicemex@hotmail.com agradeceré sus comentarios y críticas. En vivo, de lunes a viernes a las 20:00 horas, tiempo del centro, en las frecuencias en toda la República de Grupo Radio Fórmula. En la ciudad de México, en el 14 70 de A. M. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.com, www.clubprimeraplana.com.mx
Los otrora festejos de nuestras fiestas patrias, a 199 años de la gesta heroica, por la cada día más grave inseguridad pública nacional, por la crisis económica paralizante y por la crisis moral que agobia al pueblo todo, se convirtieron en jornadas de miedo latente y en una pisca de justicia.
En el llamado mes de la patria, el pueblo que acostumbra salir a la calle a vitorear a los héroes que nos legaron independencia y dignidad no lo arredró el miedo a los atentados, el repudió a los gobernantes que ahora a como de lugar al estilo de Su Serenísima Santa Ana, nos tratan de cobrar impuestos hasta por respirar, se dio un momento de respiro y cuando menos tiene un algo que celebrar, nos referimos a ese acto de justicia, no de los aparatos de procuración y administración de la misma, sino de ese mismo pueblo que logró la libertad a la 1:00 de la madrugada de este 16 de septiembre del “ícono del abuso y de la injusticia prevaleciente”: Jacinta Francisco Marcial.
Al conmemorarse el 199 aniversario de nuestra Independencia, como cada 15 de septiembre, ahora Felipe Calderón Hinojosa por tercera ocasión cumplió con el “Grito de Dolores” desde el balcón central de Palacio Nacional, todo esto dentro de operativos de seguridad desplegados en el centro histórico de la Ciudad de México para garantizar la integridad de los asistentes a la ceremonia cívica por elementos del Estado Mayor Presidencial, de la Policía Federal y de la Secretaria de Seguridad Publica capitalina. También en las demás plazas de la República, se tomaron las precauciones debidas y el reporte, afortunadamente, fue el de una jornada blanca.
Tras ser condenada a 21 años de prisión y cumplir con 3 de injusto encierro, fue liberada la compatriota indígena otomí y monolingüe, Jacinta Francisco Marcial; la presión de los grupos defensores de los derechos humanos nacionales y extranjeros lograron que el aparato de justicia reabriera el proceso ante lo absurdo de la acusación: el secuestro de 6 goriloides agentes de la desaparecida AFI, Agencia Federal de Investigaciones y la declinación de la Procuraduría General de la República de presentar más pruebas y conclusiones no acusatorias por “dudas razonadas” sobre la culpabilidad de la sentenciada.
Mientras tanto, ojo, a emprender un movimiento nacional similar al de la Independencia, al de la Reforma o al de la Revolución Mexicana para consolidar un verdadero cambio en el país, llamó a los mexicanos “libres” Andrés Manuel López Obrador. Al encabezar el llamado “grito de los libres”, en el Hemiciclo a Juárez, el perredista advirtió que con disimulo se mantiene vigente el racismo y la discriminación, y una profunda desigualdad social entre mexicanos que viven sometidos por un pequeño grupo de poder.
Decimos que es una pisca de justicia, porque aún continúan presas las coacusadas indígenas, Alberta Alcántara y Teresa González y porque los seis “Afis”, que debieron de haber sido corridos por dejarse “secuestrar” por tres indefensas, es decir desarmadas mujeres, no tuvieron el valor de presentarse a declarar ante el Juez de la causa, y quién, es pregunta, les devolverá a estas damas indígenas, así damas aunque les duela a las élites, los años perdidos en las mazmorras del Centro de Readaptación Social, Cereso, femenil de San José El Alto, Querétaro.
La voz de alerta sobre estallidos sociales insistentemente la hemos dado como mandato de la opinión pública nacional y la ha fijado con la calidad moral que lo acredita el doctor José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuidado, el país quiéranlo o no, lo acepten o no es una bomba de tiempo, que hay que desactivar sin demora, ¿cómo?, con programas sociales implementados de inmediato, con el retiro ipso facto del absurdo y empobrecedor paquete económico, con justicia que termine con la impunidad prevaleciente y por ende recupere la seguridad pública, la tranquilidad y la paz que es derecho inalienable e irrenunciable del pueblo. Por ahora, sólo hay miedo y una pisca de justicia.
Periodista y escritor. En teodoro@libertas.com.mx y felapvicemex@hotmail.com agradeceré sus comentarios y críticas. En vivo, de lunes a viernes a las 20:00 horas, tiempo del centro, en las frecuencias en toda la República de Grupo Radio Fórmula. En la ciudad de México, en el 14 70 de A. M. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.com, www.clubprimeraplana.com.mx
sábado, 12 de septiembre de 2009
Jacinta la Supermujer que secuestró a un AFI
Tomado de luifer en youtube y a su vez dl programa Encuentro en teleformula.
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derechos humanos,
derechos indígenas,
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represión
viernes, 14 de agosto de 2009
Doña Jacinta: tres años de injusticia separado a familia indígena
Doña Jacinta: tres años de injusticia separado a familia indígena
• Hoy se cumplen tres años desde que, con engaños, fue detenida doña Jacinta
• El 7 de agosto vence el plazo para que la PGR acepte o rechace la recomendación de la CNDH
• Organización Mundial Contra la Tortura emite comunicado sobre Jacinta
El 26 de marzo de 2006 seis agentes federales de investigación, sin uniforme y sin orden “decomisaban” mercancia supuestamente pirata en el tianguis del centro de Santiago Mexquititlán. En un momento dado alguien pidió una orden para el decomiso. Entonces comenzó la tensión. Súbitamente los agentes oficiales se vieron despojados de la cobertura que su trabajo como policías les otorga. Los comerciantes habían pasado muchas veces por esa situación, pero era la primera vez que sentían una cierta ventaja. No siempre resulta tan claro que el momento en el que la impunidad se rompe, tiene la necesaria implicación de que la justicia está ausente desde hace mucho tiempo.
Llegaron el agente del Ministerio Público Federal (MPF) con sede en San Juan del Río, Querétaro, el licenciado Gerardo Cruz Bedolla, y el jefe regional de la AFI, Omar Evaristo Vega Leyva. En la plaza principal del pueblo hablaron con los comerciantes. Los funcionarios aseguraron que los agentes habían cometido un error y que iban a responder por los destrozos y daños causados. Tras un estira y afloja cada vez más tenso el jefe de la AFI y el MPF, incapaces de demostrar la legalidad de la acción, ofrecen que uno de los agentes permanezca en el lugar en lo que traían el dinero para pagar lo decomisado irregularmente, en virtud de que por alguna razón ya no tenían la mercancia original.
Según los testimonios que ha recopilado la defensa de Jacinta [el Centro de derechos humanos Fray Jacobo Daciano (CDH/FJD), de Querétaro, y el Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh)] sobre los hechos de ese día, tres horas después, los elementos de la AFI arribaron al pueblo acompañados de policías pertenecientes a otras corporaciones. Con ellos llegó un fotoperiodista del diario Noticias de Querétaro. Cuando llegaron los agentes, los comerciantes afectados, junto con las demás personas que protestaban contra los abusos cometidos, dialogaron en relación a los pagos. Todo esto estaba ocurriendo en el puro centro del pueblo.
Jacinta ¿Secuestradora?
Jacinta Francisco Marcial es madre de una entrañable familia ñháñhú (también conocidos como otomíes) cuyos integrantes de distintas maneras buscan lo que cualquier persona: vivir mejor y compartir eso con los suyos. Junto con su esposo, don Guillermo, Jacinta trabajaba en el negocio familiar de nieves y aguas. La tarde del 26 de marzo de 2006 Jacinta, quien no hablaba bien español, cuidaba su puesto de aguas mientras otros comerciantes se confrontaban con los AFI. Cerca de la hora en que en el centro del pueblo se daba el movimiento más intenso, Jacinta fue a inyectarse a la farmacia.
Camino a su puesto, tras administrarse su medicamento, el borlote, el bullicio, el gentío, llamaron su atención y se acercó a ver. Mientras echaba un vistazo a los sucesos el fotógrafo del diario Noticias de Querétaro imprimió una gráfica que fue publicada ilustrando los hechos, en la que Jacinta aparecía. A partir de esa “prueba” y sin que se le notificará nunca el hecho, Jacinta fue acusada de secuestro. Una tarde, más de cuatro meses después, unas personas buscaron a Jacinta en su casa y empezaron a confundirla. Le dijeron que tenía que acompañarlos por un asunto de una poda de árbol. Sin entender qué estaba sucediendo Jacinta fue subida a un vehículo sin identificación oficial que la llevó al Juzgado IV de Distrito del Estado de Querétaro.
El debido proceso para el caso de jacinta
Jacinta estaba estupefacta. La estaban llevando unas personas lejos de su familia por un árbol del que ella no sabía nada. Entendiendo aquello que su sagacidad le revelaba en esa lengua, el español, al mismo tiempo familiar y extraña. Inaccesible como la razón por la cual de pronto la metieron en un salón lleno de reporteros que empezaron a fotografiarla sin el menor pudor. Como si no valiera por ser lo que es: mujer, indígena, pobre. De nuevo las cámaras vulneraban no sólo la dignidad de Jacinta, sino la de todos los suyos, declarándola culpable sin proceso ni posibilidad real de defensa. Sólo que además ahora le estaban robando la vida, pues sin acabar nunca de comprender cómo ni porqué se encontraba detenida, ese día, 3 de agosto de 2006, Jacinta nunca lo olvidará, porque a partir de entonces lleva ya tres largos años en prisión.
El Centro Fray Jacobo Daciano y el Centro Prodh asumieron la defensa de Jacinta en diciembre de 2008, una vez que había sido dictada una sentencia en su contra en la que se le condenaba a 21 años de prisión y al pago de más de 90 mil pesos de multa. Se presentó una apelación que resultó exitosa, pues el juez ordenó la reposición del proceso. Ahora, durante la reposición, y gracias a la presión que se ha ejercido desde la opinión pública y la sociedad civil, se consiguió que la PGR presentara a los acusadores de Jacinta para un careo, mismo que durante el primer juicio no se dio (Jacinta ni siquiera conoció al juez en esa etapa).Sin embargo ahora el proceso está atorado porque existe un pequeño inconveniente: el AFI que supuestamente fue secuestrado ya no trabaja en la AFI y no ha mostrado interés por ratificar sus dichos.
El día de hoy se cumplen tres años de una gran injusticia en contra de Jacinta y su familia que demuestra las graves fallas que tiene en México el sistema de justicia. Hasta ahora han sido emitidas recomendaciones oficiales a favor de Jacinta desde distintas instancias oficiales como el Inmujeres, el Inali, y la CNDH, por mencionar algunas. De la misma manera la Organización Mundial Contra la Tortura emite hoy un comunicado al respecto. El 7 de agosto la PGR deberá determinar si acepta o no la recomendación de la CNDH, así como qué acciones implicará su postura.
En medio del clima de confrontación nacional que vivimos, Jacinta es una flor que simboliza indeleblemente una esperanza inextinguible que hoy nos demuestra que incluso en la adversidad podemos encontrar semillas para tejer nuevos sueños que nos permitan creer en un mundo que –por favor– sea posible. La gran pregunta abierta es si el gobierno federal, tan dado a los manotazos grandilocuentes que algunos calificamos de machistas, tendrá la humildad para aceptar ante una mujer, ante una madre de familia, ante una indígena, ante todos los que hoy Jacinta somos: no sólo hubo errores, sino además mala fe.
Al final, la sonrisa de Jacinta no depende del perdón de los poderosos. La sonrisa de Jacinta depende de don Memo y de Estela y de cada uno de sus seres queridos. Y este es uno de esos sueños que siempre salen adelante. Por lo que ahora los que Jacinta somos esperamos ansiosos que se haga justicia y que no tuviera que pasar ni tres días más lejos de los suyos por algo que no hizo.
Cd. de México, 3 de agosto de 2009.
Quetzalcoatl g. Fontanot
Sistema Integral de Información en Derechos Humanos
Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos
• Hoy se cumplen tres años desde que, con engaños, fue detenida doña Jacinta
• El 7 de agosto vence el plazo para que la PGR acepte o rechace la recomendación de la CNDH
• Organización Mundial Contra la Tortura emite comunicado sobre Jacinta

El 26 de marzo de 2006 seis agentes federales de investigación, sin uniforme y sin orden “decomisaban” mercancia supuestamente pirata en el tianguis del centro de Santiago Mexquititlán. En un momento dado alguien pidió una orden para el decomiso. Entonces comenzó la tensión. Súbitamente los agentes oficiales se vieron despojados de la cobertura que su trabajo como policías les otorga. Los comerciantes habían pasado muchas veces por esa situación, pero era la primera vez que sentían una cierta ventaja. No siempre resulta tan claro que el momento en el que la impunidad se rompe, tiene la necesaria implicación de que la justicia está ausente desde hace mucho tiempo.
Llegaron el agente del Ministerio Público Federal (MPF) con sede en San Juan del Río, Querétaro, el licenciado Gerardo Cruz Bedolla, y el jefe regional de la AFI, Omar Evaristo Vega Leyva. En la plaza principal del pueblo hablaron con los comerciantes. Los funcionarios aseguraron que los agentes habían cometido un error y que iban a responder por los destrozos y daños causados. Tras un estira y afloja cada vez más tenso el jefe de la AFI y el MPF, incapaces de demostrar la legalidad de la acción, ofrecen que uno de los agentes permanezca en el lugar en lo que traían el dinero para pagar lo decomisado irregularmente, en virtud de que por alguna razón ya no tenían la mercancia original.
Según los testimonios que ha recopilado la defensa de Jacinta [el Centro de derechos humanos Fray Jacobo Daciano (CDH/FJD), de Querétaro, y el Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh)] sobre los hechos de ese día, tres horas después, los elementos de la AFI arribaron al pueblo acompañados de policías pertenecientes a otras corporaciones. Con ellos llegó un fotoperiodista del diario Noticias de Querétaro. Cuando llegaron los agentes, los comerciantes afectados, junto con las demás personas que protestaban contra los abusos cometidos, dialogaron en relación a los pagos. Todo esto estaba ocurriendo en el puro centro del pueblo.
Jacinta ¿Secuestradora?
Jacinta Francisco Marcial es madre de una entrañable familia ñháñhú (también conocidos como otomíes) cuyos integrantes de distintas maneras buscan lo que cualquier persona: vivir mejor y compartir eso con los suyos. Junto con su esposo, don Guillermo, Jacinta trabajaba en el negocio familiar de nieves y aguas. La tarde del 26 de marzo de 2006 Jacinta, quien no hablaba bien español, cuidaba su puesto de aguas mientras otros comerciantes se confrontaban con los AFI. Cerca de la hora en que en el centro del pueblo se daba el movimiento más intenso, Jacinta fue a inyectarse a la farmacia.
Camino a su puesto, tras administrarse su medicamento, el borlote, el bullicio, el gentío, llamaron su atención y se acercó a ver. Mientras echaba un vistazo a los sucesos el fotógrafo del diario Noticias de Querétaro imprimió una gráfica que fue publicada ilustrando los hechos, en la que Jacinta aparecía. A partir de esa “prueba” y sin que se le notificará nunca el hecho, Jacinta fue acusada de secuestro. Una tarde, más de cuatro meses después, unas personas buscaron a Jacinta en su casa y empezaron a confundirla. Le dijeron que tenía que acompañarlos por un asunto de una poda de árbol. Sin entender qué estaba sucediendo Jacinta fue subida a un vehículo sin identificación oficial que la llevó al Juzgado IV de Distrito del Estado de Querétaro.
El debido proceso para el caso de jacinta
Jacinta estaba estupefacta. La estaban llevando unas personas lejos de su familia por un árbol del que ella no sabía nada. Entendiendo aquello que su sagacidad le revelaba en esa lengua, el español, al mismo tiempo familiar y extraña. Inaccesible como la razón por la cual de pronto la metieron en un salón lleno de reporteros que empezaron a fotografiarla sin el menor pudor. Como si no valiera por ser lo que es: mujer, indígena, pobre. De nuevo las cámaras vulneraban no sólo la dignidad de Jacinta, sino la de todos los suyos, declarándola culpable sin proceso ni posibilidad real de defensa. Sólo que además ahora le estaban robando la vida, pues sin acabar nunca de comprender cómo ni porqué se encontraba detenida, ese día, 3 de agosto de 2006, Jacinta nunca lo olvidará, porque a partir de entonces lleva ya tres largos años en prisión.
El Centro Fray Jacobo Daciano y el Centro Prodh asumieron la defensa de Jacinta en diciembre de 2008, una vez que había sido dictada una sentencia en su contra en la que se le condenaba a 21 años de prisión y al pago de más de 90 mil pesos de multa. Se presentó una apelación que resultó exitosa, pues el juez ordenó la reposición del proceso. Ahora, durante la reposición, y gracias a la presión que se ha ejercido desde la opinión pública y la sociedad civil, se consiguió que la PGR presentara a los acusadores de Jacinta para un careo, mismo que durante el primer juicio no se dio (Jacinta ni siquiera conoció al juez en esa etapa).Sin embargo ahora el proceso está atorado porque existe un pequeño inconveniente: el AFI que supuestamente fue secuestrado ya no trabaja en la AFI y no ha mostrado interés por ratificar sus dichos.
El día de hoy se cumplen tres años de una gran injusticia en contra de Jacinta y su familia que demuestra las graves fallas que tiene en México el sistema de justicia. Hasta ahora han sido emitidas recomendaciones oficiales a favor de Jacinta desde distintas instancias oficiales como el Inmujeres, el Inali, y la CNDH, por mencionar algunas. De la misma manera la Organización Mundial Contra la Tortura emite hoy un comunicado al respecto. El 7 de agosto la PGR deberá determinar si acepta o no la recomendación de la CNDH, así como qué acciones implicará su postura.
En medio del clima de confrontación nacional que vivimos, Jacinta es una flor que simboliza indeleblemente una esperanza inextinguible que hoy nos demuestra que incluso en la adversidad podemos encontrar semillas para tejer nuevos sueños que nos permitan creer en un mundo que –por favor– sea posible. La gran pregunta abierta es si el gobierno federal, tan dado a los manotazos grandilocuentes que algunos calificamos de machistas, tendrá la humildad para aceptar ante una mujer, ante una madre de familia, ante una indígena, ante todos los que hoy Jacinta somos: no sólo hubo errores, sino además mala fe.
Al final, la sonrisa de Jacinta no depende del perdón de los poderosos. La sonrisa de Jacinta depende de don Memo y de Estela y de cada uno de sus seres queridos. Y este es uno de esos sueños que siempre salen adelante. Por lo que ahora los que Jacinta somos esperamos ansiosos que se haga justicia y que no tuviera que pasar ni tres días más lejos de los suyos por algo que no hizo.
Cd. de México, 3 de agosto de 2009.
Quetzalcoatl g. Fontanot
Sistema Integral de Información en Derechos Humanos
Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez
Información difundida por el Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos
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jueves, 25 de junio de 2009
INMUJERES RECONOCE, COMO LO HIZO HACE MESES EL CENTRO PRODH, QUE HUBO IRREGULARIDADES EN EL PROCESO DE TRES MUJERES ÑHA-NHÚ ACUSADAS DEL SECUESTRO DE
Redactaron Lidia Ponce y Odett Sosa en CIMAC Noticias.
México, DF.- Como lo había denunciado el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, AC, hace meses, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) afirmó apenas hoy en un comunicado que, efectivamente, Jacinta Francisco Marcial, Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan, indígenas ñha-ñhús, acusadas de secuestrar a seis elementos de la Agencia Federal de Investigación, enfrentaron, por discriminación, dificultades para acceder a un juicio justo bajo los parámetros del debido proceso legal y de respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales de las mujeres.
Por su condición de ser mujeres e indígenas, y tener precarias condiciones económicas, las mujeres enfrentaron actos discriminatorios, tales como dificultades para acceder al debido proceso, que implica el derecho a la presunción de inocencia, a una defensa efectiva, a contar con traductores, a una justicia pronta, expedita e imparcial, entre otros derechos reconocidos por el sistema jurídico mexicano y los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, señaló el Inmujeres.
Estas conclusiones fueron obtenidas a partir de un “análisis jurídico” de documentos a los que tuvo acceso el Inmujeres, en base al cual, desde la perspectiva de los derechos humanos, dicho instituto considera que existen elementos suficientes para que sean liberadas por esos cargos, por lo que se suma a la campaña del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez AC, que pide su liberación.
México, DF.- Como lo había denunciado el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, AC, hace meses, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) afirmó apenas hoy en un comunicado que, efectivamente, Jacinta Francisco Marcial, Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan, indígenas ñha-ñhús, acusadas de secuestrar a seis elementos de la Agencia Federal de Investigación, enfrentaron, por discriminación, dificultades para acceder a un juicio justo bajo los parámetros del debido proceso legal y de respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales de las mujeres.
Por su condición de ser mujeres e indígenas, y tener precarias condiciones económicas, las mujeres enfrentaron actos discriminatorios, tales como dificultades para acceder al debido proceso, que implica el derecho a la presunción de inocencia, a una defensa efectiva, a contar con traductores, a una justicia pronta, expedita e imparcial, entre otros derechos reconocidos por el sistema jurídico mexicano y los instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, señaló el Inmujeres.
Estas conclusiones fueron obtenidas a partir de un “análisis jurídico” de documentos a los que tuvo acceso el Inmujeres, en base al cual, desde la perspectiva de los derechos humanos, dicho instituto considera que existen elementos suficientes para que sean liberadas por esos cargos, por lo que se suma a la campaña del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez AC, que pide su liberación.
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