lunes, 17 de septiembre de 2007

Cuatro rechiflas al gobernador Zeferino Torreblanca en el Grito de Chilpancingo








esús Saavedra

Chilpancingo

El ánimo patriótico y de festividad de miles de capitalinos estalló la noche del sábado cuando apareció en el balcón del Palacio de
la Cultura el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo y fue recibido con una estruendosa rechifla de recordatorios familiares que
sólo terminó con los vivas a los héroes y a México y con los honores a la bandera nacional.
Ni la sorpresiva presencia del alcalde de este municipio, el priísta Mario Moreno, evitó las expresiones de repudio al gobernador.
Fueron cuatro las rechiflas.
A las 10:30 de la noche, a la conductora del programa se le ocurrió interrumpir la actuación del cantante de TV Azteca Víctor
García, para anunciar la llegada del “señor gobernador” al Palacio de la Cultura. De inmediato la reacción fue espontánea y se
escucharon los primeros silbidos de repudio a Torreblanca y hasta unos coros aislados de “¡culero, culero, culero!”. Era el primer
aviso de lo que se veía venir en una capital que se siente desdeñada por la autoridad estatal.
Cinco minutos antes de las once de la noche concluyó la participación de Víctor García, y la misma conductora llamó la atención
del público de que estaba por salir al gobernador al balcón, y allí vino la segunda rechifla.
En el balcón apareció el gobernador Torreblanca, flanqueado sorpresivamente por el alcalde priísta de Chilpancingo, Mario
Moreno; el presidente del Congreso, Carlos Reyes; el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Edmundo Román Pinzón; y el
comandante de la 35 Zona Militar, Cuauhtémoc Antúnez Pérez.
Torreblanca Galindo recibió el lábaro patrio y se dirigió al micrófono instalado debajo del cordón que sujetaba la campana que
tradicionalmente se toca en el grito de Independencia.
El gobernador tomó la bandera y la ondeó y gritó: “¡Mexicanos, mexicanas!”. Y entonces sí los capitalinos dieron suelta a su
descontento y se escuchó un silbido generalizado, que fue el más estruendoso de la noche. Fue la tecera rechifla.
Los silbidos se ahogaron cuando el gobernador inició la arenga: “¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!”; “¡Viva
Miguel Hidalgo!”, “¡Viva Allende!”, “¡Viva Josefa Ortiz de Domínguez!”, “¡Viva Aldama!”, “¡Viva Morelos!”, “¡Viva Vicente Guerrero!”:
“¡Viva México, viva México, viva México”, gritos que cada uno tuvo la respuesta tradicional y respetuosa de los congregados en la
Plaza Cívica. Mientras el gobernador gritaba los vivas, el alcalde Mario Moreno tocaba la campana.
Ni bien terminó el grito del gobernador y vino de nuevo el silbido del respetable, la cuarta rechifla, que se apagó para dara paso
al himno nacional y a rendir honores a la bandera, momentos en los cuales se guardó el respeto correspondiente.
Para acabarla de amolar, las bazukas de papel picado que se esperaba dieran un toque especial en cascada al evento fallaron, con
los consecuentes abucheos y expresiones de burla de los presentes; sólo el espectáculo de fuegos artificiales distrajo la atención
de los espectadores.
Después del grito, se acercaron al balcón los funcionarios de despacho, los diputados locales, diputados federales y senadores
del PRD, invitados especiales del gobernador para la ceremonia.
Adentro, el secretario de Gobierno, Armando Chavarría recibió de manos del gobernador la bandera nacional y el funcionario la
entegó a una escolta militar.
Afuera, la multitud regresó a la fiesta con las primeras melodías de la banda de música de Germán Lizárraga, de esas del norte
del país que volvieron a encender el ánimo apagado por una ceremonia desangelada.
Como es costumbre en esta administración estatal, se impuso un exagerado dispositivo de seguridad en la Plaza Cívica que
ocasionó la molestia de los capitalinos.

Quince minutos y se fue el gobernador

Para ese entonces la tertulia de la nueva clase perredista y funcionarios del gabinete estatal inició brevemente y concluyó con la
salida del balcón del gobernador, Zeferino Torreblanca para acudir a una entrevista que se transmitió en vivo por la cadena
gubernamental Soy Guerrero, realizada por el director general, Jorge Camacho, quien lo atiborró de preguntas a modo sobre el
patriotismo y su obra de gobierno.
Torreblanca estuvo acompañado del brazo de una de sus hijas y flanqueado con el edil de Chilpancingo, Mario Moreno con quien
intercambió dos o tres palabras; el gobernador cortó la breve plática y se dirigió a saludar a la esposa de Armando Chavarría,
Martha Obeso a quien presentó a su hija.
Ya instalados en el balcón estaban la secretaria de Desarrollo Social, Gloria Sierra; de la Mujer, Rosa María Gómez; de Salud, Luis
Barrera; de Obras Públicas, Guillermo Torres; de la Juventud, Yolanda Villaseñor; el Procurador, Eduardo Murueta; de Desarrollo
Rural, Armando Ríos; de Turismo, Ernesto Rodríguez; de Desarrollo Económico, Jorge Peña; el coordinador de Enlace Político
Institucional, Julio Ortega.
En el balcón también estuvo el papá del gobernador, José Luis Torreblanca quien tuvo oportunidad de charlar con su hijo unos
minutos y hasta habilitó al diputado local Fernando Donoso de fotógrafo para tomar la gráfica del recuerdo.
Además estaban presentes los diputados federales Odilón Romero, Evodio Velázquez, César Flores y Cuauhtémoc Sandoval que
estuvo un par de días atrás encabezando el acto paralelo en el que se entregó la Presea Popular Sentimientos de la Nación a su
papá, el doctor Pablo Sandoval Cruz, quien precisamente alertó de que ante la “indiferencia” del gobernante en turno, el pueblo lo
llegaría a desconocer.
El más entusiasmado por la salida de la banda de Germán Lizárraga era el senador, David Jiménez quien con copa de vino blanco
en la mano se emocionó a los primeros tonos de la banda de música de viento.
También estaban los diputados locales Ernesto Payán, del PRD, y los priístas Bertín Cabañas y Humberto Calvo que prefirieron no
exponerse al balcón de Palacio y degustaban y bien de los canapés ofrecidos.
Ni quince minutos habían pasado de la salida del gobernador al balcón de Palacio, cuando Luciano Sánchez cortó las fotografías
del recuerdo que su jefe se tomaba con los asistentes, en su mayoría empresarios del puerto de Acapulco que disfrutaban de las
mieles de estar desde arriba viendo al populacho festejar el grito de Independencia.
En cuanto Torreblanca se escabulló del balcón todos los presentes emprendieron la huida para acudir a otros festejos
particulares; atrás quedaron los tragos de whiski, de vino blanco y tequila, que degustaron los asistentes al ex Palacio de
Gobierno y ahora Palacio de la Cultura.

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