lunes, 17 de octubre de 2011

El 99 por ciento


ALEIDA HERNÁNDEZ CERVANTES

Todo este año se ha caracterizado, entre otras cosas, por grandes e intensas movilizaciones sociales en distintas partes del mundo. Desde la llamada primavera árabe que terminó por derrocar varios gobiernos autoritarios de países como Egipto, Túnez y Siria; el movimiento de los indignados en España por una democracia real y empleos; los jóvenes estudiantes chilenos demandando una educación pública y gratuita de calidad en su país; hasta lo que hoy conocemos como el movimiento Ocupa Wall Street en Estados Unidos, cuya posición contra la avaricia del sistema financiero estadunidense constituye su principal bandera.

En estricto sentido, a estos movimientos no los identifica alguna causa común evidente; sin embargo, todos ellos muestran a una población cansada de la forma en que los gobernantes están conduciendo la política y la economía. Definitivamente algo no huele bien en el mundo, pues protestas por este tipo de causas se pueden despertar hoy o mañana, en cualquiera de nuestros países y con razones de sobra.

Pero más allá de la posible conexión entre los movimientos sociales alrededor del mundo, Ocupa Wall Street revela aspectos muy interesantes de lo que podría ser el causante del hartazgo mundial de la ciudadanía: el injusto sistema global financiero y la profunda desigualdad social que éste ha generado.

Lo que empezó como una protesta multitudinaria el 17 de septiembre en la Plaza de la Libertad en el distrito financiero de Manhattan contra el símbolo por excelencia de los mercados financieros, Wall Street, se ha convertido en una ocupación permanente de dicha plaza y ha crecido rápidamente el respaldo social que reciben, tanto en otros estados de EU como en distintas partes del mundo. Ocupa Wall Street se autodefine como un movimiento en resistencia sin líderes, con gente de todos los colores, géneros y tendencias políticas, pero señalan: “una cosa tenemos todos en común: somos el 99 por ciento que ya no toleraremos la codicia y corrupción del 1 por ciento” (http://occupywallst.org/).

Sobre ello, el Nobel de economía Joseph Stiglitz escribió: “lo que vemos en EU es el gobierno del 1% de la población, para el 1% de la población y por el 1% de la población”. Por su parte, otro analista, Vicenç Navarro, amplía esa explicación, al mencionarnos que “el poder de este 1% (el poder financiero, económico y político en EU) es enorme. Este 1% tiene el 40% de toda la riqueza del país. Este 1% ha adquirido un enorme poder político durante la época neoliberal. Mientas que en los años sesenta pagaban el 51% de sus rentas en impuestos, ahora pagan sólo un 17%. Como consecuencia, tales ingresos, que representaban el 33% de los ingresos al Estado en aquella época, ahora representan sólo un 7%. Grandes corporaciones como Exxon Mobil, que en 2009 consiguió 45.200 millones de euros en beneficios, no pagaron ni un centavo al Estado”.

Lo anterior nos sirve para entender la extraordinaria pertinencia de las demandas del movimiento Ocupa Wall Street, no sólo para la población estadunidense (según una encuesta reciente un 38 por ciento manifestó apoyar el movimiento, siendo ya tres veces más popular que el Congreso de los Estados Unidos), sino para la población mundial, a quien se le debería informar con pertinencia que las decisiones tomadas en las elites mundiales del poder económico y financiero (léase los gestores y representantes del sistema financiero, como el FMI, el Banco Mundial, el G-8, cuya influencia indiscutible proviene de Estados Unidos) le afecta de manera directa.

Tal vez este tipo de movimientos sociales no tengan el poder y la capacidad de cambiar el rumbo absoluto de la forma en que se está gestionando la economía mundial, pero lo que sí están logrando es evidenciar qué es lo que está generando la profunda desigualdad social que corroe al mundo. Si este mensaje se logra transmitir no sólo a la población estadunidense, sino a una gran parte de la población mundial, se logrará mantener una oposición permanente y más activa contra la avaricia y la corrupción del sistema financiero mundial, pues si el sistema financiero es global, global debe ser la resistencia de la ciudadanía. No parece haber otro camino.

aleycristal@hotmail.com

Fuente: La Jornada de Jalisco

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