domingo, 30 de marzo de 2008

Soberanía en el petróleo para derrotar el nuevo colonialismo


Por Lorenzo Carrasco Bazúa

Reseña Estratégica, 28 de marzo de 2008 (www.msia.org.br).-El discurso de Andrés Manuel López Obrador, durante la ceremonia conmemorativa por el 70 aniversario de la Expropiación Petrolera, realizada en la Plaza de la Constitución el 18 de marzo pasado, reconoce que en la actual campaña en defensa del petróleo mexicano se juega la soberanía y el destino de la nación. "Tenemos la convicción de que sólo el pueblo puede salvar al pueblo, que sólo el pueblo puede salvar a la Nación. Y hoy, con esta idea por delante, estamos enfrentando el más grande de todos los desafíos que nos haya tocado vivir."

Sin lugar a dudas es un desafío que tiene que tomar en cuenta el hecho de que ocurre dentro de una situación mundial crítica, en la cual los recursos energéticos, especialmente gas, petróleo y uranio están definiendo áreas de conflicto entre, por una parte, los intereses hegemónicos especialmente del eje anglo-americano y por otra los principios del Estado nacional soberano. Fue bajo estos presupuestos que por ejemplo el presidente Vladimir Putin, emprendió la tarea para que el Estado retome el control de los enormes recursos energéticos de Rusia, colocándolos a disposición del programa de moralización de la grandeza del pueblo ruso, al mismo tiempo que desmantelaba la mafia rusa que se había apoderado de las empresas y recursos estatales, colocándolas al servicio de intereses extranjeros.

En México, la tentativa de desestatización de PEMEX sería el acto culminante del dominio del país por una mafia equivalente a la rusa que fundó durante su presidencia Carlos Salinas de Gortari; perpetuada en los regímenes de Ernesto Zedillo y Vicente Fox; la misma que llevó a cabo el escandaloso fraude electoral de 2006. Una mafia NEOCON-TLCAN, que además de los intereses anglo-americanos arropa a las redes "españolas" de José Maria Aznar, tan afines al Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño.

En este contexto es relevante que en su recuento histórico del decreto de la nacionalización petrolera, López Obrador mencionara la importancia de la relación del General Lázaro Cárdenas del Río con el presidente Franklin D. Roosevelt, decreto que materializo el principio del artículo 27 de la Constitución, que establece la soberanía nacional sobre "el dominio directo de todos los recursos naturales".

Así López Obrador explicó que para hacer posible el decreto "se entrelazaron tres condiciones inmejorables: tuvimos la fortuna de contar con un Presidente popular, con sensibilidad política y, sobre todo, patriota, el General Lázaro Cárdenas del Río (...) También fue decisivo que en Estados Unidos gobernaba el presidente Franklin Delano Roosevelt, uno de los más grandes políticos del mundo, en el siglo XX. Durante su Presidencia, aplicó una política de buena vecindad con los países del continente americano. En ese entonces se reconoció la soberanía de Cuba y Panamá y ordenó la retirada militar estadounidense de Nicaragua y de Haití. La autenticidad de su política de buena vecindad tuvo su mejor ejemplo en el respeto a la soberanía de nuestro país. En una carta el General Cárdenas lo reconoce así: "'Mi gobierno considera que la actitud asumida por los Estados Unidos de Norteamérica, en el caso de la expropiación de las compañías petroleras, viene a afirmar una vez más, la soberanía de los pueblos de este continente, que con tanto empeño ha venido sosteniendo el estadista del país más poderoso de América, el excelentísimo señor Presidente Roosevelt'."

"Desde luego que también influyó el hecho que el 12 de marzo de 1938, unos días antes del Decreto de Expropiación, Hitler invadía con sus tropas Austria, y la Segunda Guerra Mundial había estallado. Esta circunstancia político militar, hizo entender al gobierno norteamericano que era preferible la vía de la negociación y contar con un gobierno antifascista en su frontera sur, que el uso de la fuerza contra nuestro país".

La relevancia de colocar este contexto histórico no es solamente de interés académico. La acción del general Cárdenas, constituyó un hito histórico en la lucha por la erradicación del colonialismo en el mundo. Causa a la que se comprometió el propio Roosevelt en su primera elección en 1932. Con su New Deal y la posterior preparación económica de los Estados Unidos para la II Guerra Mundial, Roosevelt creó las condiciones para la superación, después del conflicto, del modelo imperial británico del que formaban parte las compañías petroleras establecidas en México. El propósito de Roosevelt fue claramente manifestado a su aliado-rival, el Primer Ministro Winston Churchill, en las diversas reuniones que establecieron la estrategia de guerra, hechos relatados por su hijo Elliott, testigo ocular de aquellas reuniones.

El ejemplo anti-colonialista mexicano fue más tarde seguido por diversos gobiernos nacionalistas, como el del primer ministro de Irán, Mohammed Mosaddeg que nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company el 1 de mayo de 1951; o Getulio Vargas en Brasil, que con el mismo espíritu decretó la creación de la PETROBRAS en 1953.

Desafortunadamente, la muerte de Roosevelt en abril de 1945, permitió que sus propuestas para el período post guerra se sustituyeran inmediatamente por la lógica insana de la Guerra Fría, estableciendo un condominio de poder global entre dos poderes neocoloniales, cuja inviabilidad intrínseca fue evidenciada, primero en 1989 con la caída del Muro de Berlín, y en el presente con el derretimiento del núcleo central del sistema financiero global y los límites de la fuerza militar como instrumento de dominación colonial.

De hecho la caída del Muro de Berlín fue el punto de inflexión para el plan de desmantelamiento de la soberanía de México y el surgimiento de la mafia Salinas de Gortari, bajo el presupuesto que era inevitable el sometimiento del país al poder unilateral avasallador de los Estados Unidos. Con el "Fin de la Historia" terminaba también la historia y la soberanía de México. La actual crisis financiera del sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos, termina por echar a tierra la locura hegemónica, que se desangra poco a poco en las arenas bélicas de Irak y Afganistán.

De hecho el fraude electoral de 2006, respondió, en ultima instancia, a la necesidad de "tranquilidad política" al sur del Río Bravo. Lo que ganó el sistema fue la posposición de escasos dos años del derretimiento financiero. Y no se imaginó que fuera posible, en esta época de dominación mediática y electrónica, el surgimiento de un movimiento popular de resistencia pacífica que, como pesadilla, crece en las noches de desvelo del tambaleante régimen de Felipe Calderón.

Nuevamente la lucha nacionalista en defensa de la soberanía mexicana se da en un contexto internacional instigador. El derrumbe del sistema financiero viene acompañado del resurgimiento de los ideales del Estado nacional. Los recursos del petróleo son las últimas palancas que restan para recuperar la soberanía del país. Pero la lucha en México no responde solamente al reloj político nacional cujas manecillas se tratan de manipular políticamente por fuerzas ilegítimas. En realidad es el reloj de la historia universal que marca las horas en la calles de México, llamando al país a dar nuevamente la pauta en la lucha contra el nuevo colonialismo y la decrepita oligarquía que se resiste a morir.

Y terminamos con las palabras del general Cárdenas citadas por López Obrador en el Zócalo: "ni presión económica, ni el anuncio de la presencia de escuadras extranjeras en aguas mexicanas, haría tanto daño a la vida política de México, como el que se causaría con la devolución pacífica de los yacimientos petroleros a las compañías expropiadas. Retroceder o perder lo ganado sería una traición a la patria".

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