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martes, 4 de septiembre de 2007

Historias de Chuchos (4)

Ciudad Perdida
Miguel Angel Velázquez ciudadperdida_2000@yahoo.com.mxciudadangel@hotmail.com

El ilusionismo de la nueva izquierda
La magia de no reconocer reconociendo
Acuerda el FPI tónica de la lucha electoral

El plan B entró en automático. Nueva Izquierda tenía, bajo la careta que le arrancó el congreso perredista recién pasado, la otra máscara, esa que con docilidad absoluta le sonríe al poder. Menos ostentosa, pero confeccionada con los mismos hilos de mentira y engaño.
Más que a su línea reformista o entreguista, dirían los críticos más duros, los miembros de la tribu que jefatura Jesús Ortega, fieles a la tradición de ir a donde el viento los lleve, salieron desesperados al principio de la semana que terminó, a respirar un poco de aire limpio, después de naufragar en el mar de patrañas que ellos mismos construyeron, con declaraciones que pretendían hacer creer, a quien quiso creerles, que había una rectificación en su forma de construir la complicidad con el PRI y con el gobierno panista.
El senador Carlos Navarrete, consumado prestidigitador, ilusionista en el quehacer político, entregó a la gente (La Jornada, 21 de agosto) su “posición firme” respecto de las resoluciones del congreso perredista: “El señor Calderón nunca va a recibir el reconocimiento, ni público ni privado, ni en el Congreso ni fuera de él, de una Presidencia que no ganó con legalidad, de manera limpia y que no puede exigir y pedir de la oposición de izquierda una posición sumisa. No la tendrá nunca”.
Eso fue publicado el martes pasado, el mismo día en que el diputado de Acción Nacional Héctor Larios aseguraba que ya había un acuerdo para que la presidencia de la Cámara de Diputados quedara en manos del PRD.
Dos días después, el jueves 23, el propio Navarrete trató de explicar, a quien se lo pidió, que el resolutivo del décimo congreso perredista fue “no aceptar” que Calderón use la tribuna, y que nunca se utilizó el “no permitir. “Hay una diferencia semántica sustancial entre no permitir y no aceptar”, enredó el senador.
Y luego, a fin de cuentas, al cierre de la reunión de legisladores perredistas que se celebró en Michoacán, Carlos Navarrete sentenció la postura de diputados y senadores para el primer día de septiembre próxmo: “Nada ni nadie” impedirá que Felipe Calderón, “el Ejecutivo federal”, arribe a San Lázaro para cumplir su obligación constitucional.
Todo esto, desde luego, sin faltar, según él, a la postura explícita de que Calderón no le puede pedir a la izquierda una posición sumisa, y aunque el señor Calderón nunca reciba el reconocimiento público, privado o en el Congreso, de una Presidencia que no ganó, según la declaración del mismo senador perredista, aparecida en un desplegado el día 22.
Total, Calderón entrará y saldrá del Palacio Legislativo, según parece, reconocido por el silencio cómplice de los perredistas, a menos que decidan hacer lo que los lectores de Jaime Avilés recomendaron: no asistir a la sesión, lo cual parece imposible porque cuando menos la gente de Nueva Izquierda está convencida de que calladitos, y bien portaditos, se verán como el poder los quiere, y a lo mejor hasta los premian.
Enterados de cómo viene la jugada, los miembros del Frente Político de Izquierda se reunieron el viernes anterior con Marcelo Ebrard y Alejandro Encinas, y concluyeron, luego de no mucho debate, que en la campaña por la máxima cartera del PRD, a la que aspira Encinas, la diferencia entre lo que hace Nueva Izquierda y lo que propone el ex jefe de Gobierno deberá ser la tónica en la lucha.
Cuando menos esa fue la recomendación que hizo Marcelo Ebrard a los asistentes, y que secundó el propio Encinas que, por cierto, llegó una hora tarde a la cita, debido, dijo, a un retraso en el avión que lo regresaba al Distrito Federal después de estar en Zacatecas.
Total, a estas horas, la lucha entre los chuchos, empecinados en la consigna tramposa de no reconocer reconociendo, y la gente del Frente Político de Izquierda que apoya a Encinas, se va haciendo más profunda, pero más clara. Por un lado quienes no apoyan a López Obrador pero dicen que lo apoyan, y los que sí están con él. ¿Será cierto que al ex candidato presidencial no le van a alcanzar los votos? ¿Será cierto?
De pasadita
Y ya que de patrañas hablamos, mírese de cerca la declaración del socialdemócrata Jorge Carlos Díaz Cuervo, que, diga lo que diga, a invitación de Víctor Hugo Círigo –éste de la socialdemócrata Nueva Izquierda– quiere invitar al recinto de la Asamblea Legislativa a Felipe Calderón. El asambleísta se apresuró a decir que por su boca no hablaban las intenciones de Nueva Izquierda, lo malo es que todo el mundo pudo ver quién manipulaba los hilos de su conducta. Cuando menos así lo comentaban ayer algunos distinguidos asambleístas que repetían una y otra vez, con ingenuidad perversa, una sola pregunta: ¿de qué se trata todo esto?

27 de Agosto del 2007

Historias de Chuchos (3)

Ciudad Perdida
Miguel Angel Velázquez

NI, los enredos de una tribu
Las cartas sobre la mesa de Ebrard: trato deferente a cambio de no interferir en la elección interna del PRD

Pase lo que suceda, después de los resolutivos del congreso del PRD Nueva Izquierda, la tribu que encabeza René Arce Islas en el Distrito Federal, ha tejido una fina telaraña alrededor de Marcelo Ebrard en la que, juran, pronto se verá enredado.
Ese grupo, que a toda costa trató de imponer en los acuerdos finales del PRD un punto (el tres) en el que no sólo se aceptaba que existieron errores imputables al equipo de campaña, que impactaron los resultados de la contienda electoral, sino que reconocía la derrota, es decir, le otorgaba a Felipe Calderón la legitimidad que tanto le urge -aunque después se retractara de todo lo que intentaron-, está a punto de lograr un acuerdo con el jefe de Gobierno que lo sume a su estrategia.
Cuentan algunos de los militantes de esa tribu inconformes con su "caudillo" que ya se han reunido con los asesores de Marcelo Ebrard y que les han puesto las cartas sobre la mesa. Se trata, explican, de formar un grupo político sólido que les permita un buen margen de maniobra a los dos (el jefe de Gobierno y NI) sin que, aparentemente, alguien pierda.
Como en buena trampa, Arce ató un cordero a la mitad del engaño para inquietar el hambre del león. Se le propuso, por ejemplo, que dejara pasar la elección para definir al máximo líder del partido, es decir, que no se metiera. A cambio le prometieron que ellos, los chuchos, estarían de acuerdo -le permitirían, sería la expresión más atingente- en que Ebrard propusiera un candidato a la contienda por el liderazgo perredista en la ciudad.
Para tal encomienda, dicen los mismos chuchos, se atacó o se ataca, no sabemos el grado de avance que lleva el supuesto acuerdo, al eslabón más débil de Ebrard: Alejandro Rojas Díaz Duran, quien ha llevado, hasta donde cuentan, las negociaciones al respecto.
La trampa está por funcionar con la presa adentro, y a partir de la próxima semana, según dicen, se podría empezar a observar un cambio drástico en la actitud hacia el jefe de Gobierno respecto de esa tribu, que da por hecho el acuerdo que, sin la interferencia de Ebrard, les deje el camino libre para llevar a Jesús Ortega al liderazgo nacional del PRD.
La especie, aunque proviene de los mismos miembros de Nueva Izquierda, no parece del todo creíble, si nos atenemos al supuesto de que el mayor capital político del jefe de Gobierno esta en su férreo rechazo a establecer contactos personales con Felipe Calderón, y pactar con Nueva Izquierda sería convertir su fortaleza en la obsecuente docilidad que demanda el grupo de Ortega-Arce.
No obstante, para la tribu perredista opositora a López Obrador, los resultados del congreso que recién terminó abren el camino para ese acuerdo. Si bien es cierto que el punto tres, donde el fraude electoral se transformaría en derrota -como lo esperaba la derecha y lo propuso NI- causó vergüenza entre los delegados y no fue aceptado, las tribus de Ortega lograron imponer que la elección para el más alto cargo perredista se diera en contienda interna, lo que, cuando menos en el papel, asegura el triunfo del mismo Ortega.
De esa manera, con los chuchos al mando, el enfrentamiento con Ebrard si no les asegura el triunfo sí promete una batalla fragorosa donde, según ellos, el débil es el jefe de Gobierno, por lo que la oferta de un acuerdo parecería el mejor camino.
No obstante, un cambio de actitud de Marcelo Ebrard respecto de esa tribu sería detectado de inmediato por los simpatizantes del PRD que saben perfectamente a qué se dedican los chuchos, y entonces el jefe de Gobierno perdería, con toda seguridad, el capital político que tanto trabajo le ha costado acumular.
Será el mismo Ebrard quien haga sus mediciones, y tiene los suficientes elementos para hacerlo. Por lo pronto, está más que claro que el PRD ha perdido las últimas elecciones y que López Obrador no ha llamado a los afiliados a la Convención Nacional Democrática al voto.
Es decir, con Nueva Izquierda Ebrard tiene asegurado que logrará mayores acuerdos con la derecha en su conjunto, pero también correrá la misma suerte que el PRD sin la acción del lopezobradorismo: el fracaso, y eso, sin duda, alcanzará al DF. Allá él.
ciudadperdida_2000@yahoo.com.mx * ciudadangel@hotmail.com

24 de Agosto del 2007

Historias de Chuchos (2)

Ciudad Perdida
Miguel Angel Velázquez ciudadperdida_2000@yahoo.com.mxciudadangel@hotmail.com

Faltó autocrítica en el congreso del PRD
Muchas dudas quedaron en el aire
Análisis parciales y verdades sesgadas

Vale. Lo que perdió el PRD en su congreso pasado fue la indispensable herramienta de la autocrítica, dicen quienes quieren desaparecer a López Obrador del ámbito político, y el análisis se debe fincar, según ellos, nada más sobre los errores de su ex candidato. Ni un paso más allá.
Ellos aceptan que fueron derrotados y atribuyen tal descalabro a una serie de hechos que de tan analizados y criticados en todas partes, incluyendo al propio PRD, bien podrían ser obviados, a menos de que lo que se busque es el castigo para quienes ellos mismos suponen culpable.
Y en esa necesidad ingente, desvían la atención de procedimientos esenciales, de datos fundamentales, para lograr la autocrítica sana: la participación, en contra de los gobernadores, por ejemplo, que llegaron al poder por el PRD y que en 2006 le dieron la espalda.
¿Por qué si en el mismo congreso del sol azteca la militancia repudió al gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca, por sus prácticas en todo el proceso electoral, los inquisidores no lo tocaron?
¿Por qué no se analizó el comportamiento de Juan Sabines en Chiapas, que bien vale un largo rato de reflexión? ¿Por qué se hizo a un lado el juego perverso de la gobernadora Amalia García en Zacatecas?
Y ¿por qué no le entraron a la investigación real del comportamiento de los Cárdenas en Michoacán, que a ojos y oídos de todos hicieron un trabajo contrario al candidato López Obrador?
¿Por qué –en fin– no se dijo nada, a fondo, sobre los manejos del padrón perredista que fue manipulado para que ese congreso resultara un juego de dados cargados a favor de un tribu? ¿Qué, eso no tiene que ver con la autocrítica?
Para los neocorporativistas, es decir, para la nueva izquierda el objetivo no era, ni con mucho, la autocrítica. Sus afanes tenían otras metas. Mirarse en el espejo no era el objetivo. La pretensión era menoscabar la figura de López Obrador para construir la hamaca que meza y sostenga el poder de la derecha, y permanecer a su vera para recoger las migajas que suelte.
Y es que la verdad, y no es de ahora, al PRD eso de la autocrítica no se le ha dado muy bien, sólo que esta vez la intención es otra. Baste el recuerdo de la lucha que Samuel del Villar encabezó para tratar de evitar las trampas y la corrupción dentro de ese partido político.
En aquel entonces nadie hizo el mayor caso a la censura que el ex procurador del DF levantó por las malas prácticas del partido. Es más, en algunos sectores incluso se le condenó porque en su análisis del quehacer interno del partido señalaba a los bejaranos y a los chuchos como lastres para el organismo que pretendía la honestidad como piedra de toque.
Todo eso no es suficiente, es verdad, para que en el PRD no se haga la reflexión profunda de lo que ese partido es en este momento, y lo que promete, si algo promete, para el futuro de la izquierda en México. Pero ¡cuidado!, lo que no se vale son los análisis parciales ni las verdades sesgadas, y mucho menos la pretensión dolosa de destruir lo poco que se ha edificado en bien de dudosos paraísos prometidos que en nada benefician al país.
Por lo pronto, en apariencia, todo le salió mal a los chuchos, que ahora lanzan por donde se pueda condenas al espurio, con frases arrancadas a su desvergüenza. Lo malo para ellos es que ahora, ni en la derecha, les van a creer. Lástima.
De pasadita
En la carrera loca de las autoridades federales por copiar cualquier trabajo exitoso, o que pueda ser exitoso, del Gobierno del DF, la Secretaría de Educación Pública anunció ayer que becará a los alumnos de preparatoria, en un programa muy parecido al que puso en marcha Marcelo Ebrard la semana pasada. Total, si es para bien de la gente que siga la competencia, aunque nunca segundas partes fueron buenas.

22 de Agosto del 2007