De Jasso65 en youtube y tomado de Reporte Índigo.
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sábado, 19 de septiembre de 2009
El palacio de los excesos
Por Anabel Hernández tomado de reporte Índigo.En Bosque de Antequera No. 60, Fraccionamiento La Herradura, en la Ciudad de México, la Presidencia de la República mantiene una lujosa residencia de 5,363 metros cuadrados de construcción en un terreno de 5 hectáreas de bosques y jardines. El lugar, suntuoso por dentro y por fuera, parece un palacio. De hecho, es muy similar al Petit Trianon de Versalles, que era el castillo privado de la reina María
Antonieta.
De la existencia de esta mansión y su costo para el erario, los contribuyentes poco o nada saben. Se ha mantenido casi en secreto. Y aunque es patrimonio de la nación, son muy pocos los invitados que han tenido acceso a ella. El gobierno federal lleva 20 años manteniendo la residencia con recursos públicos sin rendir cuentas a nadie. Debe ser usada únicamente como residencia para jefes de Estado en visitas oficiales, pero en los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, ha sido empleada de manera discrecional para eventos privados.
Según testimonios recabados por Reporte Índigo, la llamada Residencia Ávila Camacho (oficialmente denominada Residencia Soledad Orozco, La Herradura) ha sido aprovechada
para reuniones sociales del gabinete, eventos de recaudación de fondos para el Centro Fox, así como fiestas y reuniones organizadas por miembros del equipo del presidente Felipe Calderón. Todo a costa de los recursos públicos. Hace un año, Reporte Índigo inició una investigación sobre este palacio, su costo y el uso real que se le da.
La Presidencia se niega a informar sobre lo que gasta en la residencia, la partida presupuestal a la que se carga dicha erogación, el inventario de las obras de arte que había o hay en ella y los nombres de los usuarios de la Residencia Ávila Camacho.
Reporte Índigo obtuvo los recibos de consumo de energía eléctrica de los últimos dos años. La variación en los montos revela el intenso uso nocturno que tiene el lugar durante algunos periodos. Según la Presidencia de la República, el único mandatario extranjero que ha utilizado la casa en los últimos nueve años es Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, quien se hospedó ahí en junio de 2007. Pero esto no coincide con los gastos en servicios. Tan sólo en mayo de 2008, la
Presidencia pagó 83 mil 327 pesos por el consumo de 10,000 kilowatts de electricidad, que es equivalente a un consumo industrial. En febrero de ese mismo año, erogó 14 mil 763 pesos, 5.6 veces menos, por el mismo concepto.
La Policía Federal es testigo de lo que ocurre día y noche en la Residencia Ávila Camacho. A diferencia del resto de las instalaciones de la Presidencia de la República, que son custodiadas por el Estado Mayor Presidencial, en este caso es la Policía Federal, cuyo jefe es el inamovible secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, la responsable de vigilar el inmueble. En tiempos de crisis económica, cuando el gobierno pretende crear impuestos para combatir la pobreza y hace reiteradas promesas de austeridad, ésta es la historia de El Palacio Presidencial, una investigación especial de Reporte Índigo.
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martes, 15 de septiembre de 2009
El ejército ha fracasado, ya que sigue resistiendo el EZLN: Bellinghausen
Tomado de APIAVirtual y a su vez de Zapateando
Cuestionado, el doctorado honoris causa a Aguilar Camín
Fue un crimen de estado: presentadores de libro sobre Acteal
Javier Hernández Alpízar, Xalapa, Ver.– El cuestionamiento fue contundente: “¿A quién diablos se le ocurrió, en el seno de la Universidad Veracruzana, dar el doctorado honoris causa a Héctor Aguilar Camín?” Lo dijo en tono coloquial y airado el investigador del Instituto de Investigaciones Histórico Sociales Horacio Guadarrama, al comentar, junto al decano de la UV Manuel Martínez Morales, y el reportero y articulista (quien rechazó el Premio Nacional de Periodismo en el sexenio de Zedillo) Hermann Bellinghausen, al presentar el libro Acteal, crimen de estado, de la autoría de ésta último y con el sello editorial de La Jornada.
Ya el cuestionamiento había iniciado desde el público que llenó el pequeño auditorio de la Facultad de Música el domingo 13 de septiembre, pese a una lluvia torrencial que retrasó unos minutos el inicio del acto. A la primera mención del intelectual “orgánico” (entre los presentadores, el juego de palabras con los “desechos orgánicos” no se hizo esperar, causando la hilaridad del público) del salinismo, el zedillismo y, en general, del poder, quien recibiera el doctorado honoris causa por la UV hace unos meses, un silbido del público remontó el recuerdo hasta el árbol genealógico del autor de Morir en el Golfo.
Al cuestionar el doctorado a ese escritor, contraponiéndolo al que después recibiera Eduardo Galeano, el presentador del libro Horacio Guadarrama arrancó aplausos solidarios del auditorio en pleno. Incluso una voz sugirió, a manera de respuesta, que se le habría ocurrido a Fidel Herrera.
Y es que el libro Acteal, presentado por el autor y dos investigadores de la UV, se llama, con toda razón: Crimen de estado. Así lo afirmó el científico Manuel Martínez, quien explicó la impunidad de quienes desde el poder hacen fechorías, pero no serán juzgados por la historia, porque la escriben ellos mismos, dijo, citando Winston Churchill.
En cambio, en el preguntar y el “caminar en busca de la justicia brota la otra historia, la verdadera, enraizada en la vida frágil de hombres y mujeres comunes”, aseveró Martínez Morales, quien inscribió el libro presentado en esa línea. Señaló además que, desde 1994, el autor del libro ha reportado con veracidad la realidad de las comunidades indígenas en Chiapas.
Y justificó la expresión “crimen de estado”, ya que a la luz de la información recabada por muchos medios, especialmente La Jornada, cuyo resumen hace el libro, se muestra que hubo acción y omisión del Estado mexicano y de sus agentes que “condujo al rompimiento de las leyes que el mismo Estado puso”, y esto con el fin de preservar el dominio, el poder. Además, por el uso del miedo y el terror para imponer su política estatal, algunos lo han llamado también “terrorismo de Estado”, explicó Manuel Martínez.
El libro de Bellinghausen remite los hechos históricos a “la totalidad histórica concreta que los explica”, aseveró y lo ilustró leyendo algunos pasajes.
Horacio Guadarrama resumió algunas de las tesis del libro, especialmente las que remontan la responsabilidad del crimen a Ernesto Zedillo, en contraste con la vida cómoda, apacible y protegida por organismos internacionales que el expresidente lleva.
Además destacó cómo el autor de Acteal, crimen de estado muestra que el libro de la PGR llamado El libro blanco de Acteal es la fuente de todos los que han defendido la tesis del gobierno que niega la existencia de paramilitares y diluye el crimen de estado a una pelea intercomunitaria “por un banco de arena”.
Bellinghausen tomó la palabra al final, en la mesa moderada por Germán Martínez, para decir que de todas las historias y episodios en todos estos años de la lucha del EZLN, desde 1994, ha sido la más difundida, incluso en libros y videos la de esta masacre de los tzotziles pacifistas de Las Abejas en manos de paramilitares, en el marco de la contrainsurgencia zedillista.
Cuestionado, el doctorado honoris causa a Aguilar Camín
Fue un crimen de estado: presentadores de libro sobre Acteal
Javier Hernández Alpízar, Xalapa, Ver.– El cuestionamiento fue contundente: “¿A quién diablos se le ocurrió, en el seno de la Universidad Veracruzana, dar el doctorado honoris causa a Héctor Aguilar Camín?” Lo dijo en tono coloquial y airado el investigador del Instituto de Investigaciones Histórico Sociales Horacio Guadarrama, al comentar, junto al decano de la UV Manuel Martínez Morales, y el reportero y articulista (quien rechazó el Premio Nacional de Periodismo en el sexenio de Zedillo) Hermann Bellinghausen, al presentar el libro Acteal, crimen de estado, de la autoría de ésta último y con el sello editorial de La Jornada.
Ya el cuestionamiento había iniciado desde el público que llenó el pequeño auditorio de la Facultad de Música el domingo 13 de septiembre, pese a una lluvia torrencial que retrasó unos minutos el inicio del acto. A la primera mención del intelectual “orgánico” (entre los presentadores, el juego de palabras con los “desechos orgánicos” no se hizo esperar, causando la hilaridad del público) del salinismo, el zedillismo y, en general, del poder, quien recibiera el doctorado honoris causa por la UV hace unos meses, un silbido del público remontó el recuerdo hasta el árbol genealógico del autor de Morir en el Golfo.
Al cuestionar el doctorado a ese escritor, contraponiéndolo al que después recibiera Eduardo Galeano, el presentador del libro Horacio Guadarrama arrancó aplausos solidarios del auditorio en pleno. Incluso una voz sugirió, a manera de respuesta, que se le habría ocurrido a Fidel Herrera.
Y es que el libro Acteal, presentado por el autor y dos investigadores de la UV, se llama, con toda razón: Crimen de estado. Así lo afirmó el científico Manuel Martínez, quien explicó la impunidad de quienes desde el poder hacen fechorías, pero no serán juzgados por la historia, porque la escriben ellos mismos, dijo, citando Winston Churchill.
En cambio, en el preguntar y el “caminar en busca de la justicia brota la otra historia, la verdadera, enraizada en la vida frágil de hombres y mujeres comunes”, aseveró Martínez Morales, quien inscribió el libro presentado en esa línea. Señaló además que, desde 1994, el autor del libro ha reportado con veracidad la realidad de las comunidades indígenas en Chiapas.
Y justificó la expresión “crimen de estado”, ya que a la luz de la información recabada por muchos medios, especialmente La Jornada, cuyo resumen hace el libro, se muestra que hubo acción y omisión del Estado mexicano y de sus agentes que “condujo al rompimiento de las leyes que el mismo Estado puso”, y esto con el fin de preservar el dominio, el poder. Además, por el uso del miedo y el terror para imponer su política estatal, algunos lo han llamado también “terrorismo de Estado”, explicó Manuel Martínez.
El libro de Bellinghausen remite los hechos históricos a “la totalidad histórica concreta que los explica”, aseveró y lo ilustró leyendo algunos pasajes.
Horacio Guadarrama resumió algunas de las tesis del libro, especialmente las que remontan la responsabilidad del crimen a Ernesto Zedillo, en contraste con la vida cómoda, apacible y protegida por organismos internacionales que el expresidente lleva.
Además destacó cómo el autor de Acteal, crimen de estado muestra que el libro de la PGR llamado El libro blanco de Acteal es la fuente de todos los que han defendido la tesis del gobierno que niega la existencia de paramilitares y diluye el crimen de estado a una pelea intercomunitaria “por un banco de arena”.
Bellinghausen tomó la palabra al final, en la mesa moderada por Germán Martínez, para decir que de todas las historias y episodios en todos estos años de la lucha del EZLN, desde 1994, ha sido la más difundida, incluso en libros y videos la de esta masacre de los tzotziles pacifistas de Las Abejas en manos de paramilitares, en el marco de la contrainsurgencia zedillista.
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